Mirando al cielo nocturno, reflexionamos filosóficamente sobre nuestra solitaria existencia en esta vasta extensión de espacio frío. Todavía no sabemos si hay vida en el interior de este brillante abismo de mundos.

¿Y si nuestro universo está vacío y muerto? ¿Por qué no hemos detectado aún señales de radio alienígenas? ¿Es posible que en las profundidades de este vasto universo no haya otras civilizaciones inteligentes? ¿Quizás las criaturas extraterrestres ocultan su presencia y nos vigilan en secreto?

El famoso radioastrónomo estadounidense John Ball encontró las respuestas a estas preguntas.

En 1973, creó la hipótesis del zoo espacial, en la que propuso que las civilizaciones extraterrestres están siempre cerca de nosotros, pero se comportan como si no existieran. Siguen la vida de los terrícolas, porque nuestro planeta es el lugar de su experimento de investigación.

En un pasado lejano, una civilización altamente desarrollada de humanoides alienígenas trajo a la Tierra millones de especies de criaturas biológicas. Aquí estas criaturas luchan por la supervivencia y experimentan un rápido desarrollo evolutivo.

Nuestro planeta es como un zoológico espacial, en cuyo interior viven animales de varias galaxias vecinas. La existencia dentro de una única biosfera ha enseñado a estas criaturas tan dispares a adaptarse a un hábitat desconocido y a vivir en simbiosis entre ellas, manteniendo el delicado equilibrio del ecosistema terrestre.

La Tierra es una reserva fantástica en la que evolucionan las formas de vida más extrañas. En las condiciones extremas de su mundo, los diminutos insectos de nuestro planeta eran monstruos enormes y poderosos, y los animales terrestres más masivos no eran más grandes que un ratón de bosque.

La Tierra está lejos de ser la única reserva científica de una civilización extraterrestre. Hay cientos de planetas de este tipo habitados por diversas especies biológicas de vida cósmica.

Habiendo llenado el zoológico planetario con una variedad de animales, los humanoides invisibles examinan su comportamiento sin interferir en los acontecimientos de sus vidas. Tienen capacidades psíquicas ilimitadas, gracias a las cuales controlan no sólo el estado físico, sino también el mental de sus pupilos.

Con la ayuda de esta habilidad, los representantes de una civilización alienígena nos vigilan constantemente, permaneciendo tanto en el lejano espacio exterior como en la superficie de nuestro planeta.

Hay millones de científicos extraterrestres viviendo en la Tierra, pero su presencia se nos escapa. Los vemos cada hora, pero no nos damos cuenta. Estando en nuestro campo de visión, permanecen invisibles para nosotros.

Los vehículos voladores y las viviendas de los extraterrestres también están ocultos a la conciencia de todos los habitantes de la Tierra. Tal vez la mente de los terrícolas es demasiado primitiva para la percepción de los seres superdesarrollados del espacio lejano.

Sin embargo, a veces nuestra mente deja de engañarnos y nos muestra la verdadera realidad de lo que ocurre. Observamos extraños aparatos voladores con contornos fantásticos que no se pueden comparar con la apariencia externa del transporte aéreo que creamos.

Muchos investigadores de lo paranormal creen que este fenómeno es una clara confirmación de la hipótesis del zoo espacial.

¿Quizás, las civilizaciones extraterrestres violan deliberadamente los principios fundamentales de sus actividades secretas, insinuándonos su existencia?

Es poco probable que resolvamos este enigma antes del momento en que nuestras mentes amigas nos consideren dignos de conocer esta verdad oculta.

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