Desde sus humildes orígenes medievales como agente medicinal, el vodka ha conquistado el mundo. En 2020, las ventas mundiales de vodka rondaron los 45.000 millones de dólares, y sólo los consumidores estadounidenses engulleron 189,7 millones de galones (862,4 millones de litros) de la potente bebida alcohólica, según Beverage Dynamics, una revista nacional centrada en la venta de alcohol al por menor.

¿Pero de qué está hecho el vodka?

Para producir vodka, primero hay que fermentar cualquier alimento que contenga azúcar o almidón, y luego destilar el producto para aumentar su contenido de alcohol. (Fermentar significa alimentar con azúcar a la levadura, para que ésta pueda producir alcohol). El vodka puede elaborarse a partir de granos fermentados como el sorgo, el maíz, el arroz, el centeno o el trigo, o a partir de patatas, melaza de remolacha o incluso fruta, según «Vodka: A Global History» (Reaktion Books, 2012).

El paso de la fermentación crea un producto con sólo un 16% de alcohol por volumen (ABV), demasiado bajo para las bebidas espirituosas. Para aumentar esa cifra es necesario destilar, o calentar en un recipiente conocido como alambique. La temperatura de ebullición del alcohol es inferior a la del agua, lo que significa que el alcohol se evapora y puede recogerse por separado del agua. La mayor parte del vodka tiene entre un 30% y un 40% de alcohol. Los «licores rectificados», como la marca estadounidense Everclear, alcanzan el 95% de ABV.

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Los primeros registros de un espíritu destilado similar al vodka provienen del alquimista y químico islámico Jabir ibn Hayyan, quien inventó un dispositivo de destilación para capturar el vapor del vino calentado con fines científicos, según «Vodka: How a Colorless, Odorless, Flavorless Spirit Conquered America» (Lyons Press, 2014). El vodka llegó a Rusia en el siglo XIV, cuando un monje llamado Isidoro adaptó la bebida italiana aqua vitae, según el libro. Este primer vodka probablemente olía mal, sabía aún peor y se utilizaba principalmente con fines medicinales.

Con el paso de los siglos, los destiladores mejoraron su práctica, el sabor mejoró y la «voda» acabó convirtiéndose en la bebida preferida del imperio ruso, según el libro.

La popularidad del vodka se extendió entre los soldados rusos y se impuso en toda Europa durante las guerras napoleónicas. En la década de 1860, el antiguo siervo Pyotr Smirnov perfeccionó el proceso de destilación y empezó a vender algo parecido a la bebida inodora y transparente que conocemos hoy. Tras la guerra civil que estableció la Unión Soviética, el hijo de Smirnov, Vladimir, trasladó la destilería a París y utilizó una grafía francesa de su nombre: Smirnoff, según el libro.

Publicado originalmente en Live Science.

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