Los estudios en profundidad de las antiguas pirámides egipcias y otras estructuras grandiosas sugieren que fueron construidas mucho antes de lo que se creía.

Además, algunos arqueólogos afirman que los jeroglíficos, los frescos, los símbolos y los dibujos se aplicaron a los edificios en el segundo o tercer milenio antes de Cristo. Mientras que las propias estructuras pueden tener unos 20 mil años de antigüedad.

La erosión del agua y el viento ayudaron a sacar esas conclusiones, que no podrían formarse en las condiciones climáticas modernas. Hubo un tiempo en que el territorio del norte de África era un paraíso floreciente. Allí había enormes ciudades.

Una confirmación indirecta de esto se encuentra en las colecciones árabes de leyendas antiguas. Por ejemplo, en Libia existía hasta 2013 un tratado que describía la vida de los imanes locales que vivieron en el XII milenio antes de Cristo. Debido a las hostilidades en el país, ésta y muchas otras reliquias fueron destruidas o robadas.
Un panorama similar se observó en Irak, y en Siria, y en otros países de esta región. Durante los combates en estos países se observó el tallado intencionado de artefactos antiguos.

Algo se salvó y algo se perdió para siempre. Se cree que una vez existió un poderoso estado árabe en el territorio de la Península Arábiga y el norte de África.

Según diversas fuentes, fue aquí donde la humanidad aprendió por primera vez la metalurgia, la joyería y la herrería, y la medicina se adelantó a su tiempo en varios milenios. No es de extrañar que se encuentren enterramientos de entre 6 y 10 mil años de antigüedad de personas con prótesis en lugar de miembros perdidos, cráneos con signos evidentes de trepanación, así como dientes sellados.

Un equipo de investigación canadiense ha llegado a la conclusión de que los desiertos no se forman de la nada. Son el resultado de una poderosa explosión. Es decir, se puede imaginar que una vez hubo aquí un verdadero centro cultural, el estado más rico y avanzado en diversas industrias.

Si tenemos en cuenta tal teoría, entonces podemos suponer que esta civilización en la Tierra no fue la única. Y la aparición de uno o más competidores fuertes lleva a una rivalidad inevitable. El paraíso árabe fue destruido por un arma poderosa.

Decenas de las más bellas ciudades se convirtieron instantáneamente en polvo. Los jardines se han convertido en un páramo sin vida. Las arenas han ocultado las riquezas de una civilización antaño grandiosa.

Después de varios miles de años, la gente regresó a estas tierras y fundó nuevos países. Las estructuras más persistentes de la Atlántida árabe (el término fue introducido por investigadores estadounidenses) resultaron ser las pirámides. Fueron ellas las que primero desenterraron los egipcios para revivir la grandeza perdida.

Esta versión es muy interesante. Además, los árabes son muy sensibles a sus reliquias y pocos europeos las han leído.

Los orientalistas e investigadores del mundo árabe, que lograron estudiar un poco las fuentes primarias y los materiales de la antigüedad, llegan a la conclusión de que hubo una vez un estado poderoso en los territorios descritos anteriormente.

Lo que lograron desenterrar y restaurar no es más que el uno por ciento de esa grandiosa civilización en su grandeza, que ahora descansa bajo millones de toneladas de arena.

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