Aunque la mayor parte de la lluvia en la Tierra cae sobre los océanos, los rayos en el mar son más raros de lo esperado, y durante décadas los científicos no estaban seguros de por qué. Un nuevo estudio publicado el martes en Nature Communications sugiere que la niebla salina podría estar interponiéndose en el camino de las nubes que se cargan para caer en un rayo.

Las nubes gruesas que se forman durante las tormentas pueden electrificarse cuando el aire que se mueve hacia arriba las ayuda a crecer lo suficiente como para que las partes superiores de la nube se congelen en una mezcla de gránulos redondeados de nieve llamados graupel y cristales de hielo microscópicos. Cuando estas partículas de hielo chocan entre sí, se transfieren cargas eléctricas: el graupel más grande tiende a cargarse negativamente, mientras que los cristales de hielo más pequeños terminan con una carga positiva.

Los cristales de hielo cargados positivamente son tan ligeros que las corrientes de aire ascendentes los llevan a la parte superior de la nube, mientras que el graupel más pesado tiende a hundirse. Con el tiempo, esta separación genera un campo eléctrico entre la parte superior de la nube cargada positivamente y la parte inferior cargada negativamente. Cuando la diferencia de carga es lo suficientemente grande, se produce un rayo.

Sin embargo, cuando hay grandes partículas de sal marina que absorben el agua -abundantes en el aerosol oceánico-, las diminutas gotas que suelen condensarse en el polvo microscópico y el hollín para formar las nubes crecen mucho más rápidamente, volviéndose lo suficientemente pesadas como para caer en forma de lluvia mucho antes de que la nube pueda crecer lo suficiente como para cargarse. Aunque este mecanismo para amortiguar los rayos en el mar ya se había sugerido antes, aún no se habían encontrado pruebas de él en las observaciones meteorológicas globales. Para ello, un equipo de investigadores de China, Israel y Estados Unidos utilizó mediciones globales de las nubes, los rayos y las distribuciones previstas de partículas como contaminantes, polvo y sal en la atmósfera para observar cómo evolucionaban los sistemas de nubes con diferentes combinaciones de estas partículas a lo largo del tiempo, documentando cuándo y si se producían precipitaciones y rayos. Descubrieron que en las zonas con salinidad se producían hasta un 90% menos de rayos.

«Pudimos separar los efectos de las partículas pequeñas y de las grandes [sea spray] partículas», afirma el científico atmosférico y coautor del estudio Daniel Rosenfeld, de la Universidad Hebrea de Jerusalén. Estos efectos suelen ignorarse cuando los científicos del clima intentan predecir cuándo y dónde lloverá, añade. «Si no se tiene en cuenta en los modelos de predicción meteorológica -y aún más en los modelos de predicción climática- no se acierta en la imagen, no se acierta en la precipitación», dice Rosenfeld.

Pero las partículas finas, llamadas aerosoles, no son el único factor que interviene en el complejo interior de las nubes. Otras diferencias en la atmósfera sobre la tierra y los océanos debidas a las condiciones meteorológicas locales, como el viento y la temperatura, también podrían influir en la cantidad de rayos que se producen. «Es muy difícil distinguir el efecto de los aerosoles de [these other weather conditions] basándose únicamente en el análisis de las observaciones», afirma Jiwen Fan, científico de la Tierra que estudia las interacciones entre los aerosoles, las nubes, las precipitaciones y el clima en el Laboratorio Nacional del Noroeste del Pacífico. Fan, que no ha participado en el nuevo estudio, sugiere que una modelización informática detallada de los procesos que tienen lugar dentro de las gruesas nubes de tormenta ayudaría a clarificar aún más la importancia del aerosol de sal marina, en relación con otros factores meteorológicos, para determinar cuándo y dónde pueden producirse los rayos.

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