Últimamente, la desinformación en las redes sociales ha suscitado una enorme preocupación. Fue un tema omnipresente durante las elecciones presidenciales de 2020 en Estados Unidos, sigue siendo un problema durante la pandemia del COVID-19 y desempeña un papel importante en los esfuerzos de propaganda rusa en la guerra contra Ucrania. Esta preocupación está muy justificada, ya que las consecuencias de creer en la información falsa pueden determinar el futuro de las naciones y afectar en gran medida a nuestra salud individual y colectiva.

Una teoría popular sobre por qué algunas personas caen en la desinformación que encuentran en línea es que carecen de habilidades de alfabetización digital, un término nebuloso que describe cómo una persona navega por los espacios digitales. Según esta teoría, las personas que carecen de conocimientos digitales pueden ser más susceptibles de creer -y compartir- información falsa. En consecuencia, las personas con menos conocimientos digitales pueden desempeñar un papel importante en la difusión de la desinformación.

Este argumento tiene un sentido intuitivo. Sin embargo, son muy pocos los estudios que han investigado realmente la relación entre la alfabetización digital y la susceptibilidad a creer en información falsa. Y aún se conoce menos la posible relación entre la alfabetización digital y lo que la gente comparte en las redes sociales. Como investigadores que estudian la psicología de la desinformación en línea, queríamos explorar estas posibles asociaciones.

Para empezar, necesitábamos aclarar qué significa «alfabetización digital» en este contexto. El término se utiliza de muchas maneras diferentes, y el primer paso para estudiarlo con rigor era definirlo. Llegamos a dos definiciones: La alfabetización digital es la posesión de las habilidades digitales básicas necesarias para encontrar información en línea de forma efectiva, como por ejemplo utilizar Internet para responder a preguntas como «¿Cuál es la capital de Malawi?» o «¿Cuál es el único parque nacional de Estados Unidos que empieza por la letra T?». La otra se centra específicamente en las redes sociales, preguntando si la gente entiende cómo las plataformas deciden qué mostrar en el newsfeed.

Con estas medidas en la mano, encuestamos a 1.341 estadounidenses que coincidían con la distribución nacional en cuanto a edad, sexo, etnia y región geográfica; de esta forma, eran representativos de la población estadounidense. Primero les mostramos dos docenas de titulares de noticias sobre política o COVID, la mitad de los cuales eran correctos y la otra mitad habían demostrado ser falsos en sitios web profesionales de comprobación de hechos. A continuación, medimos sus conocimientos digitales pidiéndoles que informaran de su familiaridad con varios términos relacionados con Internet y que respondieran a una pregunta sobre cómo Facebook decide qué mostrar en sus noticias. Examinamos la relación entre estas medidas de alfabetización digital y dos resultados diferentes: la creencia y la disposición a compartir noticias precisas frente a las falsas sobre estos temas.

Nuestro estudio reveló que la alfabetización digital es, en efecto, un buen indicador de la capacidad de discernir la información exacta de la falsa. Las dos medidas de alfabetización digital predijeron de forma independiente la tendencia de los participantes en el estudio a calificar las noticias objetivas como más precisas que las falsas. El resultado fue el mismo, independientemente de la afiliación política de los sujetos y de si los titulares de las noticias eran sobre política o COVID.

Cuando examinamos la conexión entre la alfabetización digital y la disposición a compartir información falsa con otros a través de las redes sociales, sin embargo, los resultados fueron diferentes. Las personas que tenían más conocimientos digitales eran tan propensas a decir que compartirían artículos falsos como las personas que carecían de conocimientos digitales. Al igual que el primer hallazgo, la (falta de) conexión entre la alfabetización digital y el hecho de compartir noticias falsas no se vio afectada por la afiliación a un partido político o si el tema era la política o la pandemia.

Lo más sorprendente es que ni siquiera las personas con un alto nivel de alfabetización digital eran inmunes a hacer clic en «compartir» las noticias falsas. Esto parece extraño. Si tienes conocimientos digitales y puedes distinguir mejor las noticias verdaderas de las falsas, ¿por qué no ibas a ser menos propenso a compartir noticias falsas? Una posible respuesta proviene de un trabajo anterior nuestro sobre por qué la gente comparte información errónea. Descubrimos que, aunque la mayoría de la gente no quieren difundir información errónea, las redes sociales distraen: la gente se desplaza rápidamente y su atención se centra en la validación social y en otros comentarios, como el número de «me gusta» que reciben sus publicaciones. Esto significa que a menudo nos olvidamos de preguntarnos si una historia es verdadera o falsa cuando consideramos, aunque sea rápidamente, si la compartimos.

Nuestro último estudio se suma a estos hallazgos anteriores al sugerir que creer y compartir no son lo mismo. El hecho de que una información falsa que se presenta como «noticia» se haya compartido millones de veces no significa necesariamente que millones de personas la hayan creído verdadera; podría ser simplemente que los que la compartieron nunca consideraron si la noticia era verdadera o no. Y el hecho de que alguien sepa distinguir mejor los hechos de la falsedad si se detiene a pensar en ello no significa necesariamente que vaya a compartir información más precisa.

La conclusión es que, sorprendentemente, la alfabetización digital puede no ser un factor clave para predecir quién difunde información errónea en las redes sociales. Nadie es inmune a la posibilidad de difundir información errónea, así que asegúrate de detenerte y preguntarte si las noticias que ves son precisas antes de hacer clic en «compartir».

Este es un artículo de opinión y análisis, y las opiniones expresadas por el autor o autores no son necesariamente las de Scientific American.

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