Algunas ideas fantásticas o incluso descabelladas encuentran a veces el apoyo de científicos respetados, lo que no hace sino avivar el interés por ellas. Por ejemplo, el físico Gregory L. Matloff publicó un artículo en el que hablaba de su convicción de que el universo tiene una mente.

Parece un fragmento de un cuento fantástico, pero Matloff cree que su afirmación puede probarse o refutarse experimentalmente.

El científico está seguro de que la «protoconciencia» del Universo se extiende por todas partes, y las estrellas están dotadas de «conciencia de grupo» y controlan el movimiento de las demás.

La idea del panpsiquismo (animación universal de la naturaleza) apareció hace mucho tiempo, pero una creencia banal en sí misma no vale nada, y los científicos que se adhieren a este concepto están dispuestos a aplicar la ciencia para su verificación. Matloff tiene suerte de contar con el matemático Roger Penrose y el neurocientífico Stuart Hameroff.

Por cierto, estos dos últimos son los autores de la sensacional hipótesis Reducción Objetiva Orquestada, que describe la conciencia humana como resultado de complejas interacciones cuánticas. Creen que existe un cierto campo que impregna el mundo entero y que los pensamientos de las personas están entrelazados.

Para ser justos, cabe mencionar al físico alemán Bernard Haisch, que en 2006 sugirió que cualquier conciencia nace en un «vacío cuántico» condicional , y cualquier sistema energético forma su propia mente. El neurocientífico Christoph Koch intentó describir la conciencia matemáticamente.

Como hemos visto, Gregory L. Matloff tiene muchos partidarios que quieren poner a prueba la idea del panpsiquismo en un futuro próximo.

El primer paso consiste en seguir el movimiento de miles de estrellas, detectar cualquier anomalía e intentar comprender por qué las estrellas frías irradian energía en una dirección determinada.

Bernard Haisch y Christoph Koch ya han iniciado una investigación local y están estudiando diversas enfermedades del cerebro, además de intentar unir las mentes de los ratones en una única «red cerebral» que les permita controlar el comportamiento de todos los roedores incluidos en ella.

Recientemente se ha observado una curiosa tendencia: la línea que separa la realidad de la fantasía se está difuminando poco a poco.

Christoph Koch confía en que en el futuro se encuentre la relación más sutil entre todos los objetos del universo, y él, junto con otros científicos, seguirá buscando pruebas.

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